El significado de la muerte para lod Japoneses es algo simple y a la vez complicado. Muchos de las ideologías orientales son producto de años de seguimiento religioso, ya sea Budista o Sintoísta, las cuales predominan actualmente en la isla. Así, dependiendo de cada religión la muerte podrá significar, lo mismo, algo parecido o de diferente manera. Claro, también esto depende de los ideales sociales y religiosos de cada persona.
Sabemos que para los Japoneses la muerte es algo normal y natural, nada de lo cual se deban de exaltar. Sus creencias son muy fuertes, tanto que se han mantenido intactas por miles de años. Eso es algo digno de una cultura como la de ellos. En japonés se evita utilizar el término “muerte” 死 (shi) para referirse al fallecimiento de un conocido. Se alude, sin embargo, a la forma en particular de morir: “términos como shinju, el suicidio de una amante; junshi, el martirio de un guerrero por su señor; senshi, la muerte en la guerra; roshi, la muerte a causa de la edad, etc”.

Son expresiones que relacionan la muerte con la función social o las circunstancias del fallecido. Los japoneses afrontan el momento de la muerte con serenidad y familiaridad. Los preparativos que se realizan demuestran una actitud realista ante los hechos. Es normal hacer un testamento (como en gran parte del mundo) pero además de redactar la última voluntad, se ha extendido la costumbre de elaborar un “poema de despedida a la vida” (Jisei). Éstos no transmiten inquietudes sociales ni materiales, no dejan ningún requerimiento ni condición póstuma. Los poemas a la muerte parecen reflejar, más que ninguna otra cosa, el legado espiritual de los japoneses. Algo así como “Que bueno que llego por mí”. Todo lo que escribo aquí es con el afán de enseñar, sin ofender a nadie.
El festival Bon es esencialmente budista, religión que ocupa la gestión de la muerte en el imaginario nipón, aunque mantiene elementos taoístas y está imbuido del espíritu confuciano de culto a los antepasados. Durante la celebración del festival se acostumbra a visitar el lugar de nacimiento, las tumbas de los antepasados de la familia y se efectúan rezos por su descanso. Se cree que durante estos días los espíritus regresan a casa. Para ello se preparan platos especiales para honrarlos. El primero es una efigie de caballo hecho de berenjenas y pepino que es colocado en el altar familiar. Los muertos llegan a lomos de este caballo y tras finalizar el banquete dejan este mundo a bordo de pequeños barcos de madera y papel confeccionados para la ocasión. En cada barco se coloca una vela y son flotados al agua.

A nivel religioso hay que hablar de una visión muy diferente de las grandes religiones japonesas. La primera, el Shintoísmo, es aplicado básicamente a aspectos de celebración de la vida. La imagen que daba de la muerte era la de un viaje hacia las montañas, en particular hacia la Montaña de la Muerte (shide no yama). De hecho hasta hace relativamente poco se calzaba a los muertos con sandalias de paja para que pudieran caminar por la montaña… jajaja, que buena asaña. El Budismo introduce un novedoso concepto denominado Karma. Éste es un destino determinado tanto por las acciones pasadas del individuo como por su personalidad. Los samuráis creen que si su karma les lleva al umbral de la muerte, ¿qué más natural que sellar la existencia con una conducta valiente que asegure un mejor karma en la siguiente encarnación? Además, este acto puede conllevar la Iluminación, por lo que no tendrán ningún reparo en intentar llegar hasta ella.
Estoy muy involucrado en este tama porque para mí: “La vida es cuando empieza la muerte”. Espero que me comprendan o compartan mi opinión, si no es así, tan solo limitense a comentar.